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BIOGRAFIA (1885 -1930 )
Lawrence era el cuarto hijo de Arthur John Lawrence,
un minero que casi no sabía leer, y de Lydia Beardsall,
que había ejercido la docencia.
Pasó buena parte de sus años de formación en el pueblo minero
de Eastwood, Nottinghamshire.
En marzo de 1912, el autor conoció a Frieda Weekley,
cuyo apellido de soltera era von Richthofen
, y con quien compartiría el resto de su vida.
Frieda era seis años mayor que él,
estaba casada y tenía tres hijos pequeños. Entonces era la esposa
de un antiguo profesor de lenguas modernas
de Lawrence en la Universidad de Nottingham, Ernest Weekley.
De este modo, ambos comenzaron una aventura
y huyeron a la casa de los padres de Frieda en Metz,
que en ese entonces era una fortificación alemana
próxima a la frontera disputada con Francia.
Su estancia en Metz supuso el primer encuentro de Lawrence con el militarismo,
cuando fue arrestado y acusado de ser un espía británico,
antes de ser liberado gracias a la intervención de su futuro suegro.
Tras esta experiencia, Lawrence se desplazó a una pequeña aldea al sur de Múnich,
acompañado de Weekley en la que fue su "luna de miel",
más tarde inmortalizada en la serie de poemas titulada ¡Mira! Hemos cruzado hasta aquí (1917)
Lawrence siguió escribiendo hasta poco antes de su muerte.
En sus últimos meses compuso numerosas piezas poéticas,
revisiones y ensayos,
así como una contundente defensa
de su última novela contra aquellos que buscaron su censura.
Su último trabajo importante fue una reflexión sobre el libro de la revelación, el Apocalipsis.
Tras haber recibido el alta del sanatorio, falleció en Villa Robermond, en Vence, Francia,
debido a complicaciones por la tuberculosis.
Frieda Weekley regresó al rancho de Taos y, más tarde,
su tercer marido recogió las cenizas de Lawrence y las trasladó a una pequeña capilla
en las inmediaciones de las montañas de Nuevo México.
Por qué ella se lamenta: D.H. Lawrence
Calla y dime
¿Por qué lloras?
Somos tu y yo
Los mismos de antes.
Si oyes un lamento
Es sólo un conejo
Volviendo a su agujero,
En un momento.
Si algo se agita en las ramas,
Es el paseo inquieto de las ardillas,
Abrumadas por nosotros, debajo,
Amándonos.
¿Por qué lloras entonces?
¿Le temes a Dios
En la oscuridad?
Yo no le temo.
Deja que venga.
Si se oculta entre las hojas,
Deja que venga.
Ahora, en el día fresco, somos nosotros
Los que andamos entre los árboles
Llamando a Dios: ¿dónde estás?
Y es él quien se oculta.
¿Por qué lloras?
Mi corazón es amargo.
Deja que venga a justificar
Sus actos, ahora.
¿Porqué lloras?
Pero si puedes sufrir
Entonces llora, por la memoria
De nuestra vieja justicia.
Nos hemos equivocado
Muchas veces;
Pero esta vez comenzamos
A hacerlo bien.
Llora, entonces, llora
Por la abominación de nuestra justicia.
Dios seguirá oculto.
Él nunca vendrá.
D.H.Lawrence (1885-1930)
comentario :
Con una simpleza maravillosa,
D.H.Lawrence nos muestra
que para expresar ciertas emociones
no es necesario el dramatismo y el refinamiento.
Sólo basta la imagen de una mujer llorando,
y una pena que jamás habrá de confesar.
Sofia Ortega Cruz 24-3-2013